viernes, 2 de noviembre de 2007

Bailén. 1808

“Las guerras seguirán mientras que el color de la piel sea más importante que el de los ojos” Bob Marley

“Al vencedor de los tiranos de Europa y libertador de Andalucía”. Con esta inscripción se homenajeó en Málaga al General en Jefe Teodoro Reding, al término de su victoria en la Batalla de Bailén de 1808.
Poco, o casi nada, sabemos de este señor, que fue el protagonista de la crónica de un triunfo no anunciado, en aquel caluroso 18 de julio de 1808. Sin embargo, antes de destacar su perfil profesional, y las pautas que llevaron a Reding a encabezar la victoria española, es preciso recorrer su biografía.
Teodoro Reding nace en Suiza el 3 de julio de 1755. Venía de una familia con una larga trayectoria militar, así su padre fue Comandante Militar. Según afirma el Dr. Keller, Teodoro sale de una familia que ha dado 200 oficiales suizos al servicio extranjero. Desde la instalación de los Borbones en España, en 1701, hubo descendientes de Reding en España. En cuanto a su personalidad, creció con unos fuertes rasgos de amor a la libertad, patriotismo y valores cristianos, según afirma Marra López en su obra “Teodoro Reding en la España de su tiempo”. Estas características, arraigadas desde su infancia, explican quizá su tesón en la lucha y su ternura hacia España. Fueron diversas las circunstancias que lo trajeron a nuestro país para desarrollar su vida pública, pero se convirtió pronto en poeta de otra tierra, la española, y la población lo acogió como a un ser celestial.
De forma especial nuestro héroe estuvo ligado a la ciudad de Málaga, llegando a ser Gobernador Político y Militar de la misma, en la primavera de 1806. Prueba de su paso por este rincón de Andalucía es el Paseo que lleva su nombre, ornamentado de tiendas con la denominación “Reding”. Su popularidad en territorio malagueño creció velozmente, ya que le dio una nueva imagen a la ciudad, la cual gracias a él se plagó de nuevas calles, paseos, fuentes y construcciones públicas. Pero aquí no acaba su paso por Málaga. Hablemos ahora de la entrada de los franceses en España, allá por el 27 de marzo de 1808. El 8 de mayo llegó la comunicación oficial del alzamiento popular del 2 de mayo, en Madrid. El pueblo malagueño comienza a estar intranquilo. Teodoro empieza a organizar a las tropas, con el fin de calmar a la masa, y es en este momento en el que el Gobernador de la ciudad malagueña despierta un sentido de lealtad hacia una patria que no es la suya, pero que pronto la hace de su carne: España. En estas circunstancias, y ante la revolución formada en la ciudad, Teodoro Reding fue llamado por una gran multitud “Caudillo” de Málaga.
Sin embargo no todo fue un camino de rosas para el Gobernador Político de Málaga. Entre 1803 y 1804 graves epidemias asolaron a la ciudad, por lo que se encontró con una situación poco propicia para una persona que debía resucitar a un pueblo entero. Pero su tenacidad fue más fuerte que las sombras que le rodeaban, así es que fue él personalmente quien conoció de forma directa esas calles desahuciadas, esas miradas vacías, esos rostros inertes, esas manos del pueblo malagueño que pedían a voces un milagro que reavivara su amada ciudad. Y así Teodoro la hizo suya, de nuevo adivinamos en su persona un temible afán patriótico que le llevó a ser fiel a todos los territorios que pisaba, de ahí que sus victorias fueran correspondidas, por esa voluntad que le llegaba de la mano de Dios.
Entre tanto, no olvidemos, Reding continuaba añorando su Suiza natal, fe de ello son las numerosas cartas escritas a su hermano Nazario, al que tuvo al tanto de la situación que vivía diariamente en España, que se convirtió en la Tierra Prometida que él creó con su diligencia. Veamos, pues, en ejemplo de estas misivas que hizo Teodoro a su hermano, en el que cuenta a Nazario los sufrimientos que hacen presa a Málaga. “Todas estas desgracias me afectan y me ponen cada vez más triste y veo venir el fin de mi vida con resignación. Cada vez que me llega una misión triste, pienso que todavía puede ser peor, pierdo todo entusiasmo y me doy cuenta de la mala fortuna de mi vida”. Quizá la única forma que tenía nuestro héroe de confesar sus miedos interiores era a través de estas cartas, y da la sensación, según sus palabras, de que Nazario se convirtiera en su confesor particular. Tampoco podemos olvidar que la misión de Reding estuvo jalonada en todo momento por su creencia en Dios. A él se encomendaba en cada uno de sus pasos, incluso en la lucha más encarnecida, como fue la Batalla de Bailén, rogaba al Señor que le tendiera su mano.
Pasemos ahora a uno de los asuntos claves en la vida de Teodoro Reding: la Batalla de Bailén. No pretendo crear con esto una efeméride de aquella lucha, simplemente hacer una semblanza del asunto para explicar el protagonismo del General en esta ofensiva. Antes de llegar a Bailén, el 3 de julio marchó a Granada para encargarse del mando de las tropas de este Reino, y dirigir su organización. Y con este mismo cometido llegó a Bailén. En este momento, las fuentes francesas pueden dividirse en tres grandes grupos según que defiendan o ataquen: Napoleón, Dupont o Vedel. En un primer momento, la División de Reding se estableció frente a Menjíbar. En esta posición, Teodoro, General en Jefe, se dio cuenta de que el movimiento de Vedel avanzaba hacia Andujar y así fue como inmediatamente atacó a las tropas francesas, en la mañana del 16 de julio de 1808.
Después, las tropas de Vedel se encontraban en La Carolina y avanzaron hacia Bailén. De este modo Reding decide que es momento de enfrentarse cara a cara con el enemigo, y la historia hizo que el territorio bailenense lo convirtiera en una celebridad. El 18 de julio, con el general francés Dupont al frente de las tropas, Bailén se convierte, desde las 9 de la mañana de ese día en una tierra de nadie, presa del fuego y del humo. Cuenta Andrés Oliva Marra- López que las distintas tácticas utilizadas por Reding, siempre al mando de Castaños, le hicieron ganar la cruzada. Teodoro fue, sin duda alguna, un artífice de la lealtad a ultranza, y esto le valió para que sus deseos se convirtieran en una realidad.
La humildad de Teodoro también se dejó entrever en la batalla, pues, apenas empezada la disputa, permitió que fueran los soldados franceses por agua, sin armas a la noria de la huerta de Lázaro Medina, que se encontraba entre los dos ejércitos y muy inmediata la línea de los españoles. Nuestras tropas tenían ventaja sobre sus adversarios, ya que habían recibido durante todo el combate auxilio y ayuda de la población civil.
El General Gómez de Arteche nos cuenta: “Reding y sus soldados ejecutaron el plan de Castaños de un modo admirable, ésta es su gloria”. Efectivamente, el éxito del General en Jefe se hizo notar, así lo demuestran los escritos que llegan hasta nuestro tiempo. De la misma forma, Málaga, su amada patria, que recibió de forma oficial la noticia de la victoria el 25 de julio, hizo celebrar una Misa en honor a Teodoro Reding, en la iglesia de la Victoria. Hacia el mes de octubre del mismo año ofreció a S.M. Fernando VII la continuación en el gobierno de Málaga, anticipando su protección y servicios en cualquier destino en que se hallase. De nuevo se hacía un hueco en la ciudad malagueña, eso sí, ahora con la gloria entre sus manos.
Poco después se vería inmerso en otra lucha: la batalla de Balls en Tarragona. Pero el cuerpo de Reding, preso de la enfermedad y del cansancio, hubo de enfrentarse a su peor enemiga, a la cual ya no pudo ganar. El 23 de abril de 1809 le sorprende la muerte en Tarragona. La comunicación oficial llegó pronto a la Suprema Junta Central Gubernativa del Reino de Granada, firmada por Tomás Verí: “Con el mayor dolor participo a V.M: la muerte del General en Jefe de este Ejército y Principado Don Teodoro Reding, acaecida a las dos menos cuarto de la madrugada del día de hoy. Las virtudes militares que le adornaban, el celo y el patriotismo que tantas veces había manifestado a la faz de todo el Principado, derramando su sangre en su defensa, en servicio y equidad conocida y la confianza ilimitada, que se tenía en su probidad y talentos, ha causado un sentimiento general en toda la Provincia y el Ejército”.
Ahora podemos comprobar que la memoria de este suizo queda plasmada por las calles de Málaga, ornamentadas con su nombre 198 años después de su victoria en Bailén. Hombre sagaz, humilde, inteligente, tremendamente humano y cristiano. Estos son algunos de los valores que marcaron una vida llena de laureles que consiguió gracias a su entusiasmo por las causas perdidas. De esta forma hizo historia, como General en Jefe bajo las riendas de Castaños, del cuál aprendió la estrategia de la disciplina y la honradez, para salvar a un pueblo que era preso de la injusticia francesa.

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